Mente y Letras. La necesidad de contar historias.

Adentrémonos hoy en el interesante mundo de la antropología social y dejemos por un tiempo las letras apartadas en un cajón para centrarnos en la mente, es sus procesos y sus motivaciones.

¿Por qué las personas sentimos la necesidad de contar historias?

Hace 4 o 5 millones de años los seres humanos comenzamos a hablar. 
Posiblemente esta habilidad surgió como adaptación a la necesidad imperiosa de comunicar información de unos a otros, una información que al ser mucho más inteligentes superaba a los instintos y por tanto era diferente de un individuo a otro. 
 

La capacidad de pensar nos dio ideas, ideas diferenciadas en la mente de cada individuo y por tanto surgió el lenguaje con la finalidad de transmitir estas ideas.

Poco a poco dentro del ser humano no solamente surgía información sobre el entorno sino también sobre sí mismo y sobre conceptos abstractos que nacían de la imaginación. Esta información se convirtió entonces en ficción
 

La ficción, aunque nace de la imaginación, se alimenta de las experiencias propias, reales, y de la información del entorno en el que cada uno vive. 

Cumple una función personal de satisfacción (por parte del emisor) resulta además enriquecedora para la sociedad y con respecto al receptor, cumple una función de ocio así como de aprendizaje.

Los cuentos, por ejemplo, divertían a los niños pero al mismo tiempo transmitían las normas de la comunidad, advertencias sobre seguridad e incluso la historia del grupo.
En consecuencia podemos decir que la ficción es un producto social. Surge de la sociedad y se integra en ella.

La ficción evoluciona y se convierte en una forma de transmisión de ideales, de creencias de hechos y fenómenos que conllevan el aprendizaje de valores como la justicia, la libertad, el amor o la religiosidad. Se convierte pues en un vehículo más amplio de comunicación.

Para el emisor es ya una forma de autorrealización y de reconocimiento social, para el receptor, un modo de adquisición de cultura y de autodescubrimiento individual y colectivo.

Desde aquellos hombres salvajes que comenzaron a hablar por necesidad hasta la actualidad hemos avanzado mucho y ha sido gracias al lenguaje.
Antes necesitábamos aprender y adaptarnos, y la ficción cumplía su papel. Ahora que la necesidades están cubiertas, la ficción cumple una función menos básica, más elevada.
En palabras de un ilustre escritor español:
«Ciertamente, parece que nos ennoblecemos, trasladándonos de este mundo al otro, de la realidad en que somos tan malos a la ficción en que valemos más que aquí, y véase por qué, cuando un cristiano el hábito de pasar fácilmente a mejor vida, inventando personas y tejiendo sucesos a imagen de los de por acá, le cuesta no poco trabajo volver a este mundo». Leopoldo Alas “Clarín”.
En realidad, si lo pensamos con detenimiento, puede que también sea la supervivencia la finalidad actual de la ficción
Sobrevivir a uno mismo, sobrevivir a la muerte y permanecer en letras impresas, en el recuerdo de la gente y en las individualidades que se ayudan a construir. 

No hemos cambiado tanto al fin y al cabo.

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