Colaboraciones: La Soledad del Escritor

Hola a tod@s

En esta ocasión quiero hablaros de una sección en la que colaboro llamada Terapia para Escritoras en el blog de mi compañera y amiga Verónica Cervilla. Se trata de una serie de temas que nos preocupan especialmente a las mujeres que nos dedicamos a esta tarea tan sacrificada y a menudo un poco ingrata que es el oficio de escritora.

Me gustaría compartir en este caso el texto con el que colaboré en el segundo de los temas propuestos, sobre la soledad del escritor. Sin más, espero que os guste.

Hoy en día existe un profundo mar de escritores que lanzan sus obras al mundo gracias a plataformas sociales como Wattpad, o de autopublicación, como Amazon. Parece que todos nos hayamos puesto de acuerdo. Quizá sí es cierto que, sin quererlo, en la mayoría de los casos nos hemos animado unos a otros, primero los más osados y después los cautos, pero al final parece que seamos miles los escritores que nos promocionamos y comunicamos por medio de las redes sociales.
Hay grupos, hay blogs y comunidades, se hacen ferias y encuentros y nos ayudamos unos a otros, al menos de cara a la galería. Pero, ¿Es esa la realidad? ¿De verdad nos apoyamos tanto? ¿Nos leemos y publicitamos unos a otros? ¿Nos sentimos acompañados por personas que, como nosotros, tienen la pasión de contar historias? A veces sí, otras no tanto.

Muchos se sienten —nos sentimos— bastante perdidos en este mundo de letras digitales. Parece que andemos a merced de las olas sin saber dónde encallaremos, si llegaremos a tierra alguna vez o si seguiremos a la deriva. A menudo el escritor se siente solo. El trabajo del escritor es irremediablemente una labor en solitario. Hay veces que siento que solo estamos mi ordenador y yo y que al otro lado de la pantalla no hay nadie. Sé que no es así pues, aunque menos de lo que me gustaría, yo recibo ese ansiado feedback de mis lectores. Es el impulso que después mueve mis ganas de seguir escribiendo y es la razón de que la soledad no se me trague.
La soledad del escritor es causa de desmotivación, nos lleva al bloqueo, a perder las ganas y la ilusión. A muchos os habrá pasado, igual que a mí, en ese momento de bajón, pensar: “¿Para qué hago esto?”; “¿Por qué sigo tecleando?”
La verdad es que los grupos y comunidades ayudan si sabemos coger lo bueno y obviar lo malo, pero lo que más ayuda es recordar que escribimos porque es nuestra vocación, porque con una sola persona que se emocione con nuestras historias habrá merecido la pena haberlas escrito. Y sobre todo porque aunque nos sintamos solos la verdad es que no lo estamos. Pregúntale a ese compañero escritor si alguna vez se siente como tú. Podrías llevarte una sorpresa con su respuesta. Podríais comenzar a hablar, a compartir experiencias y tal vez encontrar soluciones. Como escritora y psicóloga al mismo tiempo he llegado a la conclusión de que hablarlo ayuda. Paradójicamente incluso hablar solo funciona.
 Me gustaría aprovechar para invitaros a leer las experiencias del resto de mis compañeras en este grupo de Terapia para Escritoras, seguro que en el peor de los casos os resulta interesante leerlo y en el mejor puede que os ayuden personalmente. Ya sabéis, hablar ayuda.

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