Internet, vídeos virales o cómo las masas pierden humanidad

La tecnología ha traído infinidad de cosas buenas, avances médicos, en comunicación, en construcción, transporte, computación, robótica, ingeniería, domótica… Inventos que nos hacen la vida mejor, más fácil, más segura, más larga, más cómoda… 

Pero a veces me cuestiono (y no soy la única) ¿A qué precio?

Desde que existe la posibilidad de crear algo artificial, ha comenzado a darse el problema de diferenciar realidad de ficción, lo real de lo artificial. Las técnicas son tan buenas que a día de hoy si te ponen un vídeo en el que aparece un hombre recibiendo un disparo no serías capaz, ni tú ni probablemente nadie, de decir con seguridad si ese hombre es real y está muriendo de verdad o si es un actor con efectos especiales. Y eso nos está anestesiando.

Tanta película hiperrealista, tanto videojuego… Las imágenes reales de una guerra ya ni siquiera nos provocan un mínimo estremecimiento.

Y en Youtube (u otras plataformas de vídeo) es todavía peor. Los vídeos de la plataforma parece que solo se preocupan de que las marcas no se molesten, que no se infrinja su copyright lo más mínimo, que no se critique a ningún benefactor.

Sin embargo se publica un vídeo en el que aparece un cadáver real y ¿qué es lo que ocurre?
Que YouTube lo promociona como si no hubiera un mañana. Miles de visualizaciones, likes, comentarios…

Estamos enfermos, esa es la realidad. Enfermos de apatía, de insustancialidad, como dormidos, inconscientes…

Y esta era de la tecnología es la que está educando a esos niños del mañana.

El mencionado vídeo, que no reproduciré (ya bastante gente lo ha visto), tiene muchísimos más likes que dislikes, y aunque parezca sorprendente es casi fácil de entender. El youtuber en cuestión se topó con algo que pocos en el primer mundo ven con sus propios ojos: Un cadáver colgando de un árbol en el bosque de los suicidios, en Japón. Y ¿Qué hizo? Grabarlo, comentarlo y postearlo en la plataforma de vídeos más famosa del mundo. Es puro morbo, además sin buscarlo… Apareció como por arte de magia para convertir su nombre en uno de los más mencionados de Internet.

Por suerte todavía queda gente con sesera que se le echó encima haciéndole ver que su video no solamente era inadecuado para la difusión pública sino que además atentaba seriamente contra la dignidad de la víctima, de su familia y de muchas otras personas; contra la sensibilidad y contra la sensatez. El youtuber en cuestión terminó comprendiéndolo y grabó un vídeo de disculpa, borró el vídeo inicial e incluso publicó una carta… 
Bien, pero el problema ya ha dejado de ser él y su vídeo.

Miles de fans lo defendieron incluso contra él mismo, convencidos de que nada había que perdonar, que el problema era únicamente de los ofendidos y que tenían derecho a verlo todo sin censuras.


Hasta aquí los hechos objetivos… Ahora si me permitís daré mi opinión.

Este es, a mi entender, un problema mucho más grave de lo que parece. Es el hecho de haber perdido la concepción de decencia, de carecer de toda empatía. Cada vez hay más personas que olvidan que el de enfrente también es una persona, el individualismo nos absorbe y ya ni la familia parece importar para muchos. 
 
Esas personas que defendían su derecho a ver a ese hombre colgado de un árbol ¿Se pararon a pensar en él como una persona? Yo creo que no, solo era una imagen en una pantalla… He ahí la controversia, la cara oscura de todo lo que nos trae la tecnología. Despersonalización, lejanía, ceguera… La sensación de que en la comodidad de tu habitación nada te alcanza, que eso que ves en la tele es ficción, no existe…

Por supuesto que estoy en contra de toda censura por razones políticas, religiosas o ideológicas, pero defiendo que debe haber un punto hasta el que llegan tus derechos como espectador, o como divulgador de información e incluso como opinador. Ese límite es sin duda el derecho de intimidad, respeto y privacidad de otra persona. 
No todo vale, mucho menos si como contraprestación se recibe algo, como en este caso el vídeo y sus visualizaciones dieron dinero a ese youtuber.

Y aunque fuese gratis…

Las redes se están convirtiendo en un lugar de odio, de segregación y de discusión incendiaria que, por suerte de momento se queda ahí y no llega al mundo real (esperemos que nunca llegue)

Sin duda es un paso en la mala dirección ya que el anonimato de la red hace brotar los peores instintos, la cara más malvada y oscura de las personas. ¡Cuidado! Si seguimos por ese camino puede que algún día no haya vuelta atrás… Algún día el fenómeno fan, los haters, el “si no estás conmigo estás contra mí” y el cyberbullying pueden traspasar las pantallas y tocarnos de verdad.
 
Y hasta aquí mi sermón... Por ahora. 
 
Os dejo un vídeo explicativo de todo este asunto, está en inglés pero os recomiendo el canal. Phillip DeFranco es un youtuber que me gusta mucho.


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