Reto Literario

Hoy os traigo algo diferente...

La verdad es que no suelo comprometerme a leer libros concretos, soy muy veleta y me afecta mucho el estado de ánimo a la hora de escoger lectura, además a veces aparecen libros que "necesito" leer YA y no me puedo resistir, de modo que aunque intentaré seguir esta lista lo más fielmente posible, puede que en algún momento sufra algún cambio.

Por lo pronto, os presento el Reto Literario que se ha propuesto desde el grupo de L@s Auténtic@s Devoralibros #RetoLiterarioDevoralibros.

Yo ya he hecho mi lista de los libros escogidos, en total por ahora son 11 (serán 12) y... ¡¡Ya los tengo todos en mi Kindle!!
¿Quieres saber cuáles son? Pues sigue leyendo.

Reflexión Distópica

A día de hoy nadie puede negar lo evidente.

La pandemia del coronavirus nos ha dado una conciencia global, para bien y para mal.

En nuestro tiempo ha habido guerras, ataques terroristas, movimientos ciudadanos y desastres naturales que han marcado un punto de inflexión en las sociedades de países concretos, o incluso continentes, pero el coronavirus ha llegado a todas partes.

El virus es una catástrofe mundial, nadie se libra de él y, sin duda, marcará nuestra historia global.


El virus llegó a España como el lobo de Pedro y el Lobo. Nos avisaba y no le creimos. Nos avisó China, Corea, Italia... Y no les creimos. Pero era verdad. Y nos quedamos en shock, acaparando papel higiénico quién sabe por qué, quedándonos en casa por si acaso, aunque la información no llegó a ser del todo clara.
Durante estas largas semanas de confinamiento todos hemos tenido tiempo de pensar. Bueno, de pensar y de muchas otras cosas.
Nunca antes había visto tantas propuestas, iniciativas digitales, ofertas de cursos online, directos de Instagram, charlas virtuales... Literalmente no había horas en el día para tanta actividad.


Ha habido cosas positivas en toda esta locura, sin duda.

Al menos al principio el sentimiento de vecindad, de cohesión grupal entre las personas que estábamos cerca, creció, se hizo fuerte porque de pronto todos éramos iguales.
De pronto ese vecino al que solo saludábamos en el portal al pasar, era la persona a la que deseábamos ver cada día, con quien hablar en una distancia prudencial. De pronto descubrimos que tenía familia, que tenía inquietudes, que se le daba bien tocar la guitarra y empezamos a cantar juntos en el balcón al dar las 8.
Al quedarnos solos entre las cuatro paredes de nuestra casa, nos dimos cuenta de que no estábamos solos en absoluto, y eso es bonito.
No es lo único positivo.
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